En los últimos años, España ha vivido episodios meteorológicos extremos récord acompañados de un calentamiento continuado, que ponen de manifiesto una nueva realidad climática con eventos extremos cada vez más intensos.
La histórica borrasca Filomena en enero de 2021 cubrió de nieve gran parte del país y fue seguida por una ola de frío con temperaturas por debajo de –20 °C. A estos episodios se han sumado periodos de sequía cada vez más prolongados, como los de 2022 y 2023, cuando apenas llovió y se alcanzaron récords de temperaturas. La falta de lluvias favoreció olas de calor más largas, más extensas y más intensas, como la de julio de 2022 —la más severa registrada hasta entonces— o las de 2023 y 2025, que afectaron a prácticamente toda la península y las islas, así como incendios devastadores.
No solo el calor, la sequía y los incendios han sido protagonistas. También se han registrado episodios de lluvias torrenciales e inundaciones históricas, como la DANA de octubre de 2024 en la Comunidad Valenciana, que dejó más de 750 mm de lluvia en pocas horas y se convirtió en el desastre más costoso y letal de la historia reciente de España. Estos fenómenos extremos, cada vez más frecuentes y severos, son un recordatorio de la vulnerabilidad de nuestro territorio frente al cambio climático y de la necesidad de adaptar nuestras infraestructuras y políticas de gestión para reducir sus impactos sociales y económicos.
Este informe analiza diez fenómenos extremos de gran impacto registrados en España durante la última década, el mismo periodo transcurrido desde la firma del Acuerdo de París. Se incluyen episodios de distinta naturaleza, con especial atención a aquellos de mayor repercusión socioeconómica a escala nacional —como olas de calor, sequías e incendios forestales— y a los que resultan más abordables desde la ciencia de la atribución climática. No es casualidad que los eventos analizados estén concentrados en los últimos cinco años: en este período se han registrado las olas de calor y sequías repentinas más graves de la década, en línea con la tendencia observada hacia una intensificación de estos fenómenos.
Además, muchos de los eventos analizados ocurrieron de forma simultánea o secuencial, lo que indica un carácter compuesto con intensificación mutua. El análisis revela una huella humana clara y medible en todos ellos, evidenciando que el cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una realidad que condiciona nuestro presente.