¿Hasta qué punto es importante conservar la naturaleza? Se podría argumentar que es importante simplemente porque es un imperativo legal. Pero estos compromisos legales se sustentan en argumentos muy sólidos, basados en el conocimiento científico y la experiencia, lo que les confiere una solidez incontestable.
En primer lugar, la conservación de los espacios naturales se justifica por nuestra necesidad de conocer el mundo. Es una vocación de los seres humanos de todas las edades comprender el mundo en el que vivimos y cómo funciona, y no podemos saber qué ha sido destruido previamente. Los espacios naturales son ventanas desde las que observar la naturaleza de la que surgimos y de la que también formamos parte, para desentrañar las reglas que la rigen. También son testigos, en el sentido científico, que nos permiten medir los efectos de las transformaciones que nuestra actividad produce en el medio ambiente. Y, en la medida en que la naturaleza es aquello con lo que interactuamos y en lo que nuestra sociedad se ha desarrollado durante milenios, los espacios naturales son también una herramienta educativa esencial para aprender quiénes somos y por qué somos como somos.
En segundo lugar, los espacios naturales mejor conservados son el soporte de los sistemas biológicos que sustentan la vida, proveedores de servicios ambientales gratuitos (en forma de aire limpio, agua potable, suelos fértiles, recursos alimentarios, materias primas, lugares de recreación, defensa contra desastres naturales, etc.) que garantizan el funcionamiento de la sociedad humana. A menudo, los servicios que nos proporciona la naturaleza bien conservada solo se valoran cuando se pierden, pero, antes de que esto suceda, la experiencia acumulada nos dice que debemos establecer políticas conservacionistas.
En tercer lugar, los espacios naturales son ejemplos exquisitos de la relación entre los seres humanos y la naturaleza, es decir, de la forma en que se utilizan y explotan los recursos naturales de forma compatible con la conservación de la riqueza biológica y los activos ambientales. Mantener este tipo de paisajes y relaciones que caracterizan nuestros agrosistemas y sistemas marinos es esencial para poder definir políticas sostenibles para el futuro.
En cuarto lugar, sin que esto signifique un orden de importancia, y sin agotar los argumentos, los espacios naturales, por el hecho de ser considerados y declarados como tales, son una fuente de recursos económicos para las poblaciones que los habitan y tienen un potencial económico de futuro aún mayor y aún por explorar. Todos sabemos que los espacios con valores naturales, paisajes bien conservados, comunidades con sólidas tradiciones culturales y alimentos artesanales son bienes cada vez más codiciados por la sociedad y motores del progreso y el bienestar económico. Estos son factores que los líderes sociales y gestores de estos espacios no deben olvidar.