Los cambios económicos, tecnológicos, sociales y culturales experimentados en España, tanto en las últimas décadas como de manera reciente, tienen un reflejo directo en la estructura demográfica de nuestro país, de forma similar a la tendencia de los países del entorno.
El cambio demográfico, como señala la Comisión Europea en el Noveno Informe sobre la Cohesión Económica, Social y Territorial (2024), es uno de los grandes desafíos de la Unión Europea, y requiere una aproximación diferenciada en el territorio. El aumento de la longevidad y la reducción de la natalidad, que se reflejan en el incremento tanto de la esperanza de vida como del índice de envejecimiento, y el creciente flujo inmigratorio que se registra en los últimos años, modifican en conjunto la estructura demográfica, pero su impacto y sus efectos en el territorio no son homogéneos.
A la transformación de la pirámide demográfica se une un creciente proceso de urbanización del territorio, con un rápido crecimiento de la población en ciudades y entornos periurbanos y un declive en la población en entornos rurales. Este proceso de urbanización y concentración de la población es más intenso en nuestro país, donde gran parte del territorio cuenta con densidades de población muy bajas comparadas con los países del entorno.
Estas tendencias, fruto tanto del desarrollo económico y social como de nuestro modelo de organización política y de ordenación territorial, han traído consigo nuevos desafíos, vinculados a la provisión de servicios para las poblaciones más afectadas por la despoblación, la igualdad en el acceso efectivo a derechos y oportunidades a nivel territorial o la necesidad de establecer nuevos mecanismos para garantizar la justicia intergeneracional.
El desafío trasciende lo estrictamente demográfico, e impacta estructuralmente en la configuración territorial de España: son retos que afectan al equilibrio del país en su conjunto y a la sostenibilidad y el futuro de los sistemas de bienestar, la competitividad económica y la cohesión social y territorial.
Atender los desafíos territoriales que traen consigo las nuevas estructuras demográficas no es sencillo ni rápido, pues son el resultado de procesos que se han desarrollado durante décadas en las que se han producido, entre otros efectos, brechas entre las zonas más urbanas y las áreas rurales de menor población, que han desembocado en procesos de despoblación en unos territorios y fuerte concentración en otros.