Partimos de un mundo sumido en el conflicto, la desconfianza y la incertidumbre. Dos mil millones de personas viven rodeadas de conflictos violentos. Para ellas, el bienestar de las generaciones futuras puede parecer una preocupación remota si se compara con su lucha diaria por la supervivencia. Sin embargo, la equidad entre generaciones busca la justicia para todas las generaciones. La esperanza en el futuro no disminuye nuestra determinación para afrontar los retos inmediatos del presente y hacer justicia a las generaciones actuales.
En 1987, el informe Brundtland “Nuestro futuro común1 ” ya definió el desarrollo sostenible en términos de equidad entre generaciones, como un desarrollo que “satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias”. El documento “Señales de cambio 2024” no pretenden entrar a valorar qué podría cumplir ese requisito, pues no podemos pretender saber lo que querrán o necesitarán las generaciones futuras. En su lugar, destaca algunos ámbitos en los que parece surgir esta delicada cuestión de la equidad entre generaciones, y lo que esto podría implicar para el desarrollo.
Son cuestiones importantes porque, a pesar de los avances en materia de desarrollo, tenemos un problema de sostenibilidad y equidad. Los avances hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han sido limitados, y tan solo el 17% de las metas2 está en vías de alcanzarse para 2030. A pesar de que vivimos en una época con un inmenso potencial, en lugar de colaborar, competimos. Tenemos que cooperar hacia un futuro de desarrollo que preserve nuestro planeta para las generaciones futuras, de modo que hereden opciones, no últimos recursos, y que reciban un legado de oportunidades, no de deudas.
Hace medio siglo, Barbara Ward hablaba en su libro imprescindible, Una sola tierra, del “deber de la esperanza”, no con ingenuidad, sino con valentía: una esperanza basada en la convicción y los intereses compartidos. Los ODS nacieron de este tipo de esperanza. La Cumbre del Futuro es una oportunidad para recuperarla. Espero que el documento “Señales de cambio 2024” también insufle esperanza en un futuro más justo, para todas las generaciones.