El calor en las escuelas es ya un problema estructural que afecta a la salud, el bienestar y el aprendizaje de los niños, y que se agravará en los próximos años con el cambio climático. La evidencia muestra que más días de calor implican problemas de salud y peores resultados educativos, con un impacto especialmente intenso en el alumnado más vulnerable.
Hoy, el sistema educativo no está preparado para hacerle frente: muchos centros son antiguos, no existen estándares adecuados de confort para niños y las medidas adoptadas son parciales e insuficientes. Si no se actúa, el calor puede aumentar las desigualdades, empeorar los resultados y tensionar el propio funcionamiento de las escuelas.
Este documento plantea una ambición clara y alcanzable: adaptar el sistema educativo a este nuevo contexto climático. Propone una apuesta en tres niveles: proteger de inmediato todos los centros con un plan de choque, impulsar una transformación estructural a 5-10 años de edificios y patios, y establecer un acuerdo de país que asegure recursos, gobernanza y marco normativo.
Con una inversión estimada de entre 500 y 1.300 millones de euros, el mensaje está claro: actuar ahora es viable, más eficiente en términos de costes que hacerlo, e imprescindible para garantizar la salud, el aprendizaje y la equidad del sistema educativo.