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¿Hay que “limpiar” el monte? Cinco visiones sobre un mismo debate

El escritor y naturalista Eduardo Viñuales, buen conocedor de la zona del Moncayo, cree que “hemos intervenido tanto en la naturaleza que la hemos torcido”. Es decir, que la mano del ser humano ha roto con el equilibrio que existía en el medio natural, sobre todo ahondando en que ahora, después de trastocarlo, se ha abandonado un medio rural que se transformó para la vida humana.

Para Viñuales, no es malo que ahora haya más bosque que antes, puesto que tan solo es un síntoma de hacia donde se dirige una sociedad que ha abandonado el medio rural. “El mundo rural está muy desatendido. La gente prefiere tener una caldera de gasóleo que quemar leña y se va a las ciudades. No hay pastores que limpien los montes y el precio del cordero que se paga es el mismo que hace 20 años, por lo que es más rentable una explotación intensiva que un pastoreo extensivo”, apunta el naturalista.

La solución pasa, de este modo, por gestionar de un modo adecuado la masa forestal. Incide en la dificultad de que un arbolado natural se prenda fuego, pues la naturaleza es “sabia” y crece de forma “desordenadamente ordenada”. No obstante, la presencia –en el Moncayo– de pinares de repoblación rompen con ese equilibrio.

“Ponen trabas a las podas y quemas de rastrojos por cualquier cosa”

Ricardo Tejero cultiva cereal y almendro en Alcalá de Moncayo y tiene una granja de porcino en Ambel. No le duelen prendas reconocer que “limpiar todo el monte es imposible”, pues falta capacidad y población en el medio rural. Sin embargo, recuerda que los mayores de la localidad siempre dijeron eso de que “antes no había aliagas”.

“Antes se usaban para hacer el pan en los hornos, pero ahora que no hay ganadería extensiva es normal que aparezca todo este monte bajo”, apunta Tejero.

La clave para este agricultor está en eso, en que con la vida de antaño sí se podían encargar los vecinos de mantener a raya el crecimiento de los matojos y los rastrojos. “La vida es muy esclava. Los precios que se pagan son muy bajos y cada vez hay menos pastores”, lamenta Tejero. Precisamente él tuvo que vender su rebaño de ovejas al no ser rentable.

En cualquier caso, este alcalero piensa que se ponen muchas trabas burocráticas a la gestión de la limpieza forestal. “Hubo un tiempo en el que si solicitabas el permiso de quema te quitaban una ayuda. Y ahora me niegan la reconversión de fincas abandonadas porque allí han crecido algunas especies vegetales, bien porque hay mucho desnivel o masa arbustiva”.

“No es cierto que no se deje limpiar, pero no hay capacidad para todo”

“No es cierto que no se deje limpiar. Los agricultores no tienen tiempo y no tenemos capacidad pública ni privada”, resume Ismael López, jefe de unidad de agentes forestales de Tarazona y miembro del operativo antiincendios de Aragón.

Incide López en que “no tenemos capacidad pública ni privada” porque simplemente no es viable. “Ahí tendría que haber ganado, porque antes en esta zona los rebaños de 300 cabezas estaban muy repartidos y se encargaban de limpiar ese monte bajo”, explica López, que subraya que ahora, con la poca rentabilidad de un ganado de estas características, el medio rural se abandona.

Y ocurre que hace una veintena de años, en Tarazona había registradas 25.000 cabezas para pastar en 25.000 hectaréas. “Ahora solo hay 5.000 censadas”, revela el agente forestal.

El caso es que, según López, deberemos acostumbrarnos a los incendios como el del Moncayo por la idiosincrasia del bosque mediterráneo. “Habrá que buscar alternativas, como prohibir trabajos agrícolas en días de riesgo extremo o cosechar en horas punta. El monte es un polvorín a estas fechas. Pero la solución no es la eliminación total de la vegetación. Lo elimina un incendio. Y estamos horrorizados”.

“En los montes descuidados no se puede entrar a pastar con el rebaño”

Los pastores y ganaderos de extensivo son una especie en extinción en estos tiempos. Y cada vez son menos. En Vera de Moncayo, el fuego ha arrasado con las zonas de pasto, y Jesús y Javier Lahuerta deberán desplazarse a los campos de Lituénigo (a unos diez kilómetros) para que su rebaño de 600 cabezas de ovino pueda pastar.

“Ahora nos hemos quedado sin pastos. Pero es que antes intentabas subir hacia el monte y estaba todo tan mal que era imposible que las ovejas pastaran por allí”, afirma Javier, uno de los hermanos.

Ambos creen que la aplicación de la ley de montes es demasiado prohibitiva, pues “no dejan cortar ni una carrasca ni un bardal”. “No dejan hacer leña y hay que pedir demasiados permisos. Si podas un coscojo de la linde ya te han denunciado. Si se pudiera entrar a Maveruela [un monte entre Litago, Vera y Añón en el que fuego penetró] el ganado lo limpiaría. Pero es que estaba muy ciego”, critican los hermanos ganaderos.

Además, los vecinos de Vera están confusos por la fuerte presencia de equipos de extinción de incendios a las puertas del parque natural, ya que creen que se les «abandonó» durante las primeras horas del incendio del Moncayo.

“Hay que volver al pastoreo controlado en el Moncayo”

Carmen Tejero, miembro de Ecologistas en Acción residente en Tarazona, considera que el Moncayo debería recuperar el pastoreo controlado como medio para limpiar los bosques e impedir así que el exceso de vegetación seca favorezca la propagación de los incendios. “Esa es la respuesta adecuada y no la inversión en macrogranjas”, declara.

Tejero elogia el “comportamiento heroico” de los vecinos de los pueblos, que se unieron desde el primer momento a los equipos de forestales para combatir las llamas. “Se jugaron la vida y hay que estarles muy agradecidos”, afirma.

“Creo que hay que incidir más en la preparación de los voluntarios de la zona, pues se ha visto que el papel de los vecinos es fundamental para atajar el fuego”, afirma la ecologista. “Labraron zonas de monte e hicieron quemas controladas para frenar el avance de las llamas y ese esfuerzo resultó muy útil en la lucha contra el incendio”, asegura.

Pero Tejero mantiene que, dentro de las acciones que se pueden llevar a cabo para evitar los grandes incendios forestales, “el regreso al pastoreo es clave”. “Hace 40 años que se abandonó esta práctica, ya no se ven vacas pastando en la zona”, manifiesta la miembro de Ecologistas en Acción.

“En tiempos”, recuerda, “había caminos y senderos que se podían recorrer fácilmente, pero ahora están invadidos por las zarzas, están impracticables”.

El crecimiento descontrolado de arbustos al pie de los troncos de los árboles, continúa, ha convertido amplias zonas del entorno del Moncayo en una especie de bosque impenetrable. “Lo peor es que luego toda esa vegetación se transforma en combustible para alimentar el fuego”, denuncia.

Noticia completa El Periódico de Aragón. Marcos Calvo. Fernando Valero


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