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La actividad ‘¿Quieres ser pastor por un día?’ de Casa Chulilla de Villarroya acerca el mundo rural a urbanitas

Acariciar el lomo de una vaca, amamantar un cordero o asistir a una oveja durante un parto son algunas de las actividades que se realizan durante las visitas a la ganadería Teresa Villarroya, en Villarroya de los Pinares, y que les han valido a la propia Teresa Villarroya y a Visitación Bonet, responsables de Casa Chulilla, el primer accésit en la Gala de Experiencias Turísticas de Aragón celebrada el miércoles por la noche en Zaragoza.

La iniciativa ¿Quieres ser pastor por un día? fue reconocida en esta Gala por dar a conocer a los visitantes de la finca de la Masía de los Baños la rutina de trabajo de un pastor a la hora de cuidar y trabajar con animales como conejos, gallinas, burros, ovejas, cabras o caballos.

“Nuestra familia siempre ha sido ganadera, pero hace unos años el banco nos advirtió que teníamos que hacer algo”, explicó ayer Visitación Boned, Visi, todavía exultante por el reconocimiento. Visi recordaba ayer cómo en 2011 se construyó la primera de las tres viviendas de turismo rural que explotan actualmente. Después de recibir las primeras reservas de huéspedes se les ocurrió “hace unos años”  enseñarles lo se hacía como “rutina cotidiana” con las ovejas. “Las soltábamos o si había que amamantar corderitos, los amamantábamos. Ayudábamos en los partos… También tenemos gallinas, caballos, vacas”, explica Visitación.

Durante el confinamiento se abrieron los otros dos apartamentos y después de las medidas de relajación se empezaron a hacer las visitas de una forma más regular. “La gente empezaba a venir a las casas para ver los animales”, recordaba ayer la responsable del proyecto.

La actividad se prolonga durante cerca de tres horas y tiene un número máximo de 10 participantes. “Me han pedido venir coles y les he dicho que no porque es una experiencia de mucho tocar”, explicó Visitación Boned que, sin embargo, reconoce que con ese volumen de asistentes los animales no sufren ningún estrés.

La ganadería Teresa Villarroya explota una parcela de 108 hectáreas de terreno en la que se atiende casi 450 ovejas, once vacas, medio centenar de gallinas y gallos,  tres yeguas, burros y yeguas. Y siete cabras, “que son súper inteligentes y muy necesarias para guiar al ganado”. En la finca se trabaja en extensivo, con los animales libres a lo largo de las 108 hectáreas de en las que solo las ovejas recurren a los establos para dormir por la noche.

Una “tela de araña”

Casa Chulilla no se ha promocionado con agresivas campañas publicitarias sino que lo ha hecho recurriendo al boca a boca. “Empezó como una tela de araña. La gente comentaba que había ido a un sitio muy chulo en el que tienen apartamentos y llegó un momento en el que la gente quería venir a hacer la actividad pero las casas ya estaban ocupadas”, explicó ayer Visi, que recordaba cómo tuvieron que abrir la actividad para quienes no estuviera alojados en sus apartamentos.

“Hasta hace tres años no teníamos ni panfletos de la actividad. Y ahora se nos está yendo de las manos”, explicó negándose a renunciar a la actividad propiamente ganadera, que es su “esencia” y apuntaba que “de junio a septiembre vamos de cabeza. Que si las paridas de las ovejas, que si las cosechas”.

La actividad “es como un safari rural que dura unas tres horas. Las vacas sabemos dónde están y vamos a buscarlas, los caballos acuden a nuestra voz, en los corrales están los animales más pequeñitos … todo de una forma didáctica”, relató Boned.

Actividad para urbanitas

A los visitantes que realizan la visita se les explican las líneas generales de la actividad ganadera. “Se les explica que las vacas son rumiantes y que tienen cuatro estómagos, qué tipos de vacas  tenemos y las características de las vacas. Luego nos vamos con los caballos, la mula y el burro y les explicamos las diferencias entre un caballo y un burro y que una mula es un cruce entre una yegua y un burro y les enseñamos la boca para que lo vean. Con las ovejas explicamos que nosotros trabajamos con la ojinegra de Teruel, que es una raza autóctona y que está acostumbrada a este clima tan frío. Depende del perfil de gente que viene, si es muy apasionada les metemos dentro y si hay un parto o si hay que dar un biberón pueden ayudarnos. También recogemos los huevos de las gallinas, etc”, relata Visitación, que confirma sin dudarlo que se trata de una actividad orientada a un público urbano. “Esto se nos ocurrió hace años viendo un reportaje en la tele en el que pedían a los niños que dibujaran un pollo y lo dibujaron asado; les preguntaron de dónde salía la leche y los nenes dijeron que de un brick”, explicó.

“Eso, a la gente que nos hemos dedicado a la ganadería y la agricultura toda la vida te pega un bofetón de realidad”, espetó.

El público que acude tanto a alojarse en Casa Chulilla como a participar en las visitas a la explotación ganadera procede del entorno urbano de Valencia.

La experiencia resulta realmente intensa. “A raíz del confinamiento ha habido gente que ha acabado llorando abrazándose a los caballos”, recuerda Visitación.

En Casa Chulilla no salen de su asombro después de que haya empezado a llegar reservas de público internacional. “Nos han venido coreanos del Sur, alemanes, franceses, rusos, holandeses, belgas … no me explico cómo nos han localizado”, asegura Boned.

Fuente: Diario de Teruel. José Luis Rubio