Cuando se constituyó el 5 de marzo de 1926 fue la primera de todo el mundo y, por ello, pionera. Este 2026 cumple 100 años, durante los que se ha transformado y adaptado a los retos que han ido marcando el curso de la historia, pero manteniendo firme el objetivo por el que nació: la gestión del agua de toda una cuenca hidrográfica de manera unitaria. La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) se creó el 5 de marzo de 1926 para gestionar la cuenca del Ebro y la publicación del decreto al día siguiente en la Gaceta de Madrid oficializó su nacimiento. Fue la primera confederación hidrográfica del mundo, es decir, el primer organismo que gestionó el agua por cuenca hidrográfica y no por límites administrativos. Su modelo fue tan innovador que sirvió de referencia internacional y acabó inspirando la gestión del agua en muchos otros países.
El imponente río Ebro dibuja la cuenca hidrográfica más extensa de España y se extiende por siete comunidades autónomas (Cantabria, Castilla-León, La Rioja, País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña), además del Principado de Andorra y zonas del departamento francés de Ariège(cuenca alta del Segre). Aunque la CHE se constituyó en 1926, la Ley de Aguas de 1879 le confirió el soporte normativo para materializar la idea de un río común, con la visión del regeneracionismo de Joaquín Costa y el modelo confederado de Manuel Lorenzo Pardo. En 1915 se aprobó, mediante Ley de 7 de enero, el Plan de Riegos del Alto Aragón, en el que el Estado asume ya la ejecución de las obras, con dos notas esenciales: la planificación global de todas las obras públicas necesarias y su referencia a una cuenca hidrográfica natural.
Diez años después de echar a andar la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro (con Manuel Lorenzo Pardo como su primer director técnico y gran impulsor), el estallido de la Guerra Civil en 1936 provocó que durante los años de contienda la CHE quedara dividida y sus funciones paralizadas.

El franquismo fue una época de expansión hidráulica en la que se consolidaron las obras proyectadas durante la época fundacional, y más de cuarenta embalses y grandes canales hicieron que España entrara en su época desarrollista. La llegada de la democracia fue también el inicio del camino hacia una nueva conciencia del agua. En 1985 se promulgó una nueva Ley de Aguas, que transformó el modelo de gestión hidráulica, incorporando la participación pública, la sostenibilidad ambiental y el control de calidad de las aguas.
Y el siglo XXI trajo una visión de la política hidráulica en la que se implementan estrategias frente al cambio climático, como los planes de riesgo, la restauración fluvial o los programas Ebro Resilience y Ebro Fluye, ya que la cuenca afronta ahora episodios intensos de inundaciones y sequías. En ella conviven usos agrícolas, urbanos, energéticos, industriales y lúdicos, con la necesidad de conservar los ecosistemas.
Sus cien años de historia han dejado un legado que, a juicio del actual presidente de la CHE, Carlos Arrazola, “constituye la base imprescindible para continuar avanzando”. A lo largo de su existencia, el órgano – “concebido como un organismo democrático y participativo”, apostilla-, ha evolucionado incorporando y aplicando la normativa vigente en cada momento. “Fruto de ello -apunta- son los actuales planes hidrológicos de cuenca, los especiales de sequía y los de gestión del riesgo de inundación, así como los miles de expedientes administrativos que se tramitan cada año”.

Y es que la actividad diaria del organismo es “intensa y compleja” con el fin de “garantizar el reparto equilibrado del agua entre los distintos usos, velar por el buen estado de las masas de agua, mantener y conservar las infraestructuras hidráulicas, impulsar nuevas actuaciones cuando es necesario y tramitar un elevado volumen de procedimientos administrativos, autorizaciones, concesiones y recursos”, detalla el presidente.
Arrazola pone el acento en un objetivo que “ha adquirido una relevancia creciente en los últimos años: afrontar los fenómenos extremos asociados al cambio climático”.

“El mantenimiento y refuerzo de la planificación -con planes de sequía cada vez más afinados y planes de gestión del riesgo de inundación apoyados en mapas de peligrosidad y riesgo cada vez más detallados-, el fortalecimiento del Saih Ebro y del Sistema de Ayuda a la Decisión, con modelos hidrológicos y meteorológicos cada vez más sofisticados, así como el Laboratorio de Aguas y de las redes de control del estado de las masas de agua, son elementos clave de esta labor”, apunta Arrazola, quien concluye que el futuro de la CHE se construye día a día.







