NO TODOS están preparados para llevar una vida convencional. Hay quien prefiere cambiar una oficina por el monte y un ordenador por las ovejas. En La Estiva conocen de sobras ese espíritu de rebeldía ante las imposiciones de lo cotidiano. Es la única escuela de pastores que hay en todo Aragón y desde su nacimiento en 2022 han tratado de inculcar la esencia renovada de uno de los oficios más antiguos del mundo rural.
En su círculo cercano nadie había tenido contacto con animales de rebaño, tampoco con el campo: “Mi familia no ha tocado una oveja por lo menos en muchas generaciones. Cuando me surgió el interés por irme a la montaña la única idea que tenía en mente era Heidi. Pero luego la realidad no es tan bucólica”, confiesa Ignacio Sainz entre risas. El zaragozano de 27 años decidió durante su etapa universitaria abandonar la ciudad y mudarse a Ayerbe. Allí conoció por primera vez lo que significaba cuidar de las ovejas, más concretamente, cuando ayudó durante unos días a una pastora de la zona. Ella fue quien le habló de un centro dedicado a la enseñanza de pastoreo en San Juan de Plan. Al cabo de unas semanas, un amigo suyo le sugirió irse a vivir al Valle de Chistau. Y así lo hizo. Allí trabajó de camarero y en la obra, todo ello, mientras la idea de ser pastor no dejaba de rondar por su cabeza. En 2024 decidió dar el paso y apuntarse a La Estiva.
De febrero a septiembre, los meses de duración del curso, adquirió conocimientos teóricos principalmente sobre procesos de parto, cuidados sanitarios, reproducción, alimentación, cultura pastoril y gestión de explotaciones ganaderas. También tuvo la oportunidad de poner en práctica lo aprendido. “La gente con la que he trabajado daba importancia a salir de la escuela y hacer labores en el monte. Mis responsables me han tratado muy bien, con mucha paciencia y eso me ha dado la soltura que hoy tengo”, añade. Como bien dice el refrán, la experiencia es la madre de la ciencia, y para Sainz eso es lo que “cuenta” a la hora de ser pastor: “No es algo que tú leas un libro de texto, memorizas y ya. Entender el monte y a los animales lo vas desarrollando con el tiempo ”.

De momento, lleva dos años cuidando de su rebaño en Sariñena. En invierno, primavera y otoño se encarga de las cuadras, asiste a las ovejas embarazadas y las saca a pastar. Es la temporada “más relajada”, lo complejo viene con el buen tiempo. En verano se traslada con el ganado a la montaña, lo que se conoce como trashumancia, y pasa una media de cuatro meses en un refugio. Para él esto era uno de los puntos más duros de la profesión.
Ahora bien, existen alternativas que le han permitido adaptarse, por ejemplo, se turna con un compañero para conseguir días libres. El trabajo en equipo fue fundamental para los pastores del pasado, según explica Severino Pallaruelo, historiador y geógrafo.
Los últimos mohicanos del Pirineo
De principios de 1982 hasta finales de 1985 Pallaruelo convivió con ovejeros, cabreros y vaqueros de diferentes puntos del mapa aragonés. De esta experiencia nació Pastores del Pirineo, un libro que narra la trayectoria de un sector en “constante evolución”. El investigador detalla que hace doscientos años había “grandes grupos pastoriles” de diez y hasta doce hombres. Una imagen que se fue deteriorando con “la crisis” que atravesó la ganadería a mediados del siglo XX. “Cuando lo estudié en los ochenta ya era difícil conocer gente que quisiera ser pastor, que quisiera pasar el verano solo en la majada de montaña. Generalmente eran hombres mayores, prácticamente no había nadie joven. Los veía solos por estos montes, con sus cuerdas, con sus pellizas de piel de cabra, sus mochilas de piel de oveja… Ellos creían que su mundo no tenía posibilidad de futuro”, relata.
Sin embargo, la esperanza no está perdida. En pleno 2026 ser pastor sigue siendo posible, eso sí, de una forma distinta a la de antaño. Los docentes de la escuela de pastoreo saben que para garantizar el relevo se deben cambiar ciertos aspectos. Uno de ellos es el perfil de los estudiantes, reciben personas de todas partes de España; hombres y mujeres, con experiencia y sin ella, de ciudad y de pueblo, chavales y adultos. Todos tienen vocación y curiosidad por lo rural “sin haberlo vivido antes”.
El próximo 24 febrero La Estiva dará comienzo a la quinta edición del curso que se desarrollará hasta septiembre de 2026. En sus cinco años de recorrido han formado a más de 50 pastores dentro de la rama de la ganadería extensiva. Lo hacen con una perspectiva “multiactiva”. Ofrecen 520 horas teóricas donde se imparten actividades en las explotaciones ganaderas. Y 340 horas de prácticas en montaña y manejo de ganado en puerto, tutorizadas por profesionales del sector.
Son muchas las solicitudes que llegan para cubrir las 10 plazas que hay anualmente en el centro. Ante la gran demanda, los formadores realizan entrevistas para hacer una selección definitiva. En ellas buscan detectar la afinidad y pasión por el gremio.
Noticia completa: Diario del Alto Aragón


