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Los balsetes de Samper, un nuevo atractivo turístico basado en el patrimonio hidráulico

La exigencia climática de Samper de Calanda, unida a la extensión de su término municipal a lo largo de 14.360 hectáreas -muchas de secano-­ y la diseminación de mases -algunos a 14 y 20 kilómetros del núcleo urbano-, obligó a labradores y ganaderos a ingeniárselas para disponer de agua durante las temporadas de labores agrícolas. Desde el siglo XIX construyeron más de un centenar de balsetes y balsas para recoger el agua de lluvia que encauzaban hasta allí, y también pozos con agua salitrosa solamente apta para ganado y caballerías. Recientemente, el entusiasta grupo de los Amigos de los Balsetes de esta localidad del Bajo Martín ha rehabilitado la mitad de este patrimonio y diseñado ocho rutas ciclistas y senderistas señalizadas para que paseantes oriundos y foráneos se empapen de esta particular cultura del agua esteparia.

Hasta el tractor y agua potable

Setenta postes, 66 flechas direccionales, 20 paneles de ubicación y otros 20 paneles informativos son la contribución de este colectivo a resaltar la “importancia como elementos de interés cultural” de balsas, balsetes y agüeras “representativos de un modo de vida desde mitad del siglo XIX hasta la mecanización del campo”, indica el panel informativo principal.

Éste explica que las estructuras hidráulicas  llegaban a proveer “agua en momentos críticos a las propias viviendas del pueblo”, por lo que la Sociedad de Montes y los vecinos los limpiaron con frecuencia hasta su abandono, producido por “el advenimiento de los tractores y el agua corriente”.

Enlosado perfecto en el Balsete de Navarro, descubierto entre la maleza y el escombro por el grupo de entusiastas

Además, “pueden mantener una fauna y vegetación característica y un ambiente húmedo que hoy día es importante y necesario”, apuntan los balseteros en el panel, ubicado en la carretera de la Estación. La conservación de estos puntos de agua dispersos en el monte, 120 en total, representa un interesante contraste en medio del paisaje estepario, casi desértico, de Samper.

Secreto desvelado

Pero el secreto mejor guardado de la localidad ya aflora gracias a la labor desinteresada de ocho entusiastas (Miguel Abós,  Pepe Insa, Pepe Albaiceta. Ángel Cortés, Leo Marín, Paulino Fandos, Ángel Alcaine y Miguel Antonio Muñoz) que durante siete meses y de forma altruista han instalado las señalizaciones, masando para ello 120 carretillos de cemento. La financiación de la infraestructura divulgativa es cosa de la Sociedad de Montes.

Todo ello ha desencadenado en ocho rutas ciclistas y senderistas para visitar balsetes, balsas y otros puntos de interés del monte de Samper. Antes, los Amigos de los Balsetes habían rehabilitado medio centenar de ellos, además de cuatro pozos, dos balsas de ganados, un mas de labranza y varias pilas.

Marchas senderistas, charlas divulgativas, cuadernos y trípticos explicativos, listados de rincones de interés y su ubicación con coordenadas forman parte también de los trabajos.

Entusiasmo reconocido

“Esto lo hacemos voluntariamente por el amor a nuestra tierra. Estamos todos jubilados”, dijo Abós. “Empezamos un grupo de amigos a andar. Vimos que los balsetes estaban visibles pero con muchas hierbas y se me ocurrió la idea. El resto lo acogió sensacional y hemos formado un grupo con un interés y un entusiasmo tremendos. Es un trabajo muy bonito”, manifestó el restaurador, que recomienda hacer las rutas cuando no apriete el calor y con aproximación en coche dada la lejanía del inicio de algunas rutas con respecto al casco urbano de Samper. En cada ubicación de interés hay un panel explicativo del balsete en cuestión, y de la fauna y flora que lo rodea, gracias a las aportaciones de Fandos, que es biólogo.

Las rutas hacen entre 8 y 15 kilómetros de longitud, con escasa dificultad debido a la orografía plana del término municipal.

“Hemos organizado siete salidas senderistas, de las cuales una fue nocturna y tuvo una acogida sensacional con 86 personas”, dijo Abós, quien subrayó que se pueden combinar rutas y unirlas a la Vía Verde Val de Zafán, que pasa cerca de algunas de ellas.

Fuente; Diario de Teruel. Marcos Navarro