La masía tradicional fue compartiendo ese espacio intercalar con otras tipologías de distintas funciones y dimensiones variables, algunas pobladas de forma estacional y otras estable. Ochocientos años de poblamiento intercalar da para mucho. Desgraciadamente, la mayor parte de estas entidades han sido muy poco estudiadas y se encuentran en trance de desaparecer antes de que queden razonablemente documentadas.
Si la masía fortificada era la variante rica y de mayor prestigio de la masía tradicional, el masico fue el subtipo pobre. Las diferencias respecto a las masías eran notables, tanto en su origen y tamaño, como en las estrategias de gestión aparejadas y, frecuentemente, en la dispersión y características de sus tierras. La mayoría de los masicos se crearon a partir del siglo XIX como resultado de la escasez de tierras para asegurar el trabajo y la supervivencia de una población en expansión. Están asociados tanto a la división de antiguas masías tradicionales, como al intento de convertir antiguos pastizales en tierras de cultivo, debido a la presión demográfica. Esto dio lugar a explotaciones de superficie más limitada, con muy poco pasto, sin espacios forestales y con campos de labor muy dispersos; incluso se documentan casos de masicos sin tierra, ya que su escasa vida fue insuficiente para consolidar la posesión de tierras recién roturadas.
Por ello, las construcciones asociadas a estos masicos suelen tener menor entidad y calidad arquitectónica que las vinculadas a las masías tradicionales. En muchas ocasiones, los masoveros tenían que recurrir a trabajos ajenos al masico para completar sus ingresos. Anteriormente, disponer de una masía garantizaba tener un nivel de vida razonable para el masovero y su familia; pero en el siglo XIX y principios del XX, explotar un masico no aseguraba la subsistencia, y en algunos casos llegó a tener un carácter marginal.
En poco más de un siglo, se crearon en algunas zonas de nuestra provincia casi tantos masicos como masías existían anteriormente. Algunos se establecieron junto a las antiguas masías, formando pequeñas agrupaciones de masadas (a las que ya nos referimos en el reportaje anterior), que desdibujaron los límites entre el poblamiento disperso “puro” y los pequeños núcleos de población concentrada. En otros casos, se situaron a escasa distancia de los barrios o de los propios pueblos, convirtiéndose en una especie de poblamiento periurbano.
Noticia completa: Diario de Teruel



