El Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes impulsa el Enfoque Escolar Integral para la Sostenibilidad y la Ciudadanía Global a través de las convocatorias de Reconocimiento a Centros Educativos Sostenibles. Con esta iniciativa se persigue que los centros educativos asuman un compromiso firme con la educación para la sostenibilidad y la ciudadanía global, reconociendo y apoyando a aquellos que desarrollan acciones, proyectos y programas encaminados a la adopción de una cultura de sostenibilidad en ellos mismos y en su entorno. La publicación que presentamos recoge las experiencias de nueve de estos centros, y está expuesta de tal manera que, además de permitir un conocimiento de primera mano de su trabajo, pueda servir de inspiración y guía para diseñar y emprender proyectos semejantes. Se incorpora también una introducción que sirve de contextualización al trabajo de los centros objeto de reconocimiento. Esta colección de buenas prácticas tiene, en fin, el objetivo de contribuir a consolidar la función transformadora de la educación frente a los grandes retos ecosociales a los que nos enfrentamos.
La sostenibilidad puede ser entendida como una meta, como un horizonte al que debemos encaminar nuestros pasos, y también como un proceso cuajado de interdependencias en las que cada persona, cada grupo o comunidad es un nodo que puede impulsar cambios positivos. Horizonte y proceso cargado de certidumbres y de incertidumbres que debemos integrar en nuestro trabajo.
En una famosa frase que se atribuye a Einstein, se dice que los problemas solo pueden resolverse en un nivel de pensamiento distinto del que se han creado. Esta afirmación es importante en dos sentidos: por un lado, abre la ventana al cambio, aparcando el derrotismo; por otra parte, nos anima a usar la imaginación en la búsqueda de alternativas, a salir de la «caja». Entendemos con esta frase que podemos abordar los problemas existentes, que existe la posibilidad de introducir cambios. Ahí la educación tiene una importante misión. Imaginar futuros posibles, habitables y justos supone introducir cambios en el presente, cambios que modifican nuestra realidad individual y colectiva.
El necesario avance hacia la sostenibilidad plantea retos relevantes a nivel global, y también en los paradigmas y estructuras actuales de los centros educativos, que deben ser repensados y revisados internamente y por sus protagonistas. Los centros educativos son lugares privilegiados para impulsar una toma de posición activa en torno a los problemas ambientales. Se trata de aprovechar la ingente cantidad de conocimiento que tenemos sobre los problemas ambientales: relativos a su origen (eminentemente antropogénico), a las medidas que se pueden adoptar (frenar el uso de combustibles fósiles, fomentar la participación ciudadana, evitar determinados procesos industriales, caminar hacia una vida más sencilla, habitar las comunidades, etc.), sobre cómo prepararnos como docentes o sobre cómo preparar nuestros propios centros para hacer frente a las consecuencias de la emergencia climática.
La educación formal no solo tiene influencia en las personas que se encuentran dentro de las aulas, la tiene también en toda la comunidad, así como en el contexto en el que esta se inserta y con el cual comparte espacios, recursos e imaginario. Es por ello muy importante ser consciente de ese poder, de esa realidad que hace que la actividad salga de las aulas y llegue a las comunidades.