¿Grandes fondos especulando por hacerse con cultivos de la provincia que luego dejan sin producir pero de los que reciben subvenciones a cuenta de la lucha contra el cambio climático? Este escenario distópico puede hacerse realidad -como está pasando con tantos otros- si se cumplen las peores perspectivas que tiene Uaga-Coag respecto al reglamento europeo que abre un mercado europeo de certificación del carbono agrícola, cuya traslación a nuestro país debe aprobarse este año y entrar en vigor al que viene. “España tiene dos años para evitar que Wall Street se adueñe del carbono de sus campos”, previene la asociación agraria.
Para Uaga-Coag una medida clara que debe incluir la normativa para alejarse de ese escenario es la de vincular las certificaciones del carbono agrícola al agricultor activo, evitando así el efecto cascada de que los fondos de inversión acaparen las ayudas, eleven el precio de la tierra y expulsen al agricultor profesional del sistema. Y la asociación aún da otro argumento de justicia más: “El agricultor español lleva generaciones siendo el mayor aliado del clima -por la capacidad que tienen sus tierras y cultivos de retener carbono que si no iría a la atmósfera- y nadie le ha compensado por ello”.
Nicolás Aldea, responsable del sector del vino de Uaga-Coag, subraya que este problema no es futuro, sino presente: “Hay empresas que han ido al asalto para conseguir hectáreas” que les permitan acceder a esas certificaciones con la mirada puesta en las consiguientes subvenciones.
Y es que “hay muchos agricultores” que ya están firmando contratos con los fondos de inversión “sin pensárselo” habida cuenta de “la rentabilidad” de estos acuerdos frente a “la baja rentabilidad del campo”.
Estas situaciones que ya están dando llevan a Uaga-Coag a reclamar “una regulación urgente” de la materia porque “el libre mercado no puede ser como en el Salvaje Oeste, ilustra Aldea sobre una situación que evoca a “Las uvas de la ira”.
Hablar de estas certificaciones de carbono agrícola sirve, además, para que Uaga-Coag saque pecho de la contribución ambiental que históricamente viene haciendo el agricultor sin que nadie se lo haya reconocido hasta el momento.
Los cultivos, sobre todo algunos como la vid, retienen mucho carbono en la tierra, impidiendo que llegue a la atmósfera y agrave así el cambio climático. “Lo estamos haciendo gratis y ahora viene una empresa que te paga para que tus hectáreas compensen las emisiones de esa empresa en Madrid o Barcelona. No tiene ningún sentido. Es pagar para contaminar, como con los derechos de emisiones de países pobres”, detalla Aldea, que urge una regulación ante la gran incertidumbre acerca de dónde acabará esta situación y poner en valor a la agricultura y su importancia.



