El Pirineo se calienta a un ritmo más acelerado que el resto de la Península Ibérica y que la media europea. Así lo certifica un nuevo estudio transfronterizo liderado por el Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC), que analiza la evolución de los indicadores climáticos de la cordillera entre 1959 y 2024. Los datos son contundentes: cada diez años, los Pirineos pierden tres días de heladas y ganan casi cinco de verano, con todo lo que eso implica para los ecosistemas, el agua y el riesgo de incendios en Aragón.
El termómetro no para de subir en los Pirineos
El informe, publicado en el Boletín de Indicadores del Cambio Climático en los Pirineos 2024 (BICCPYR) y elaborado en el marco del proyecto europeo LIFE Pyrenees4Clima, cuantifica con precisión lo que muchos montañeros y habitantes del Pirineo aragonés llevan años percibiendo sobre el terreno. En 65 años, la temperatura media anual de la cordillera ha aumentado cerca de 2 ºC. Solo en 2024, esa temperatura fue ya 2 ºC superior a la media climática histórica.
El desglose por estaciones revela una tendencia especialmente preocupante en verano. Si en invierno el aumento de la temperatura media ha sido de 1,4 ºC desde 1959, en los meses estivales el incremento llega a 2,7 ºC. El Pirineo, explica el OPCC, actúa como un amplificador térmico: el calentamiento golpea con más fuerza en altitud que en las zonas bajas.
Las consecuencias prácticas de esta evolución son ya visibles en el calendario climático de la cordillera. Desde 1959, los Pirineos acumulan 20 días menos de heladas —jornadas con temperaturas inferiores a 0 ºC— y 32 días más de verano, es decir, prácticamente un mes extra de calor. Cada década que pasa, la tendencia se consolida: tres días de frío menos y casi cinco días de calor más, junto a un aumento de 0,30 ºC en la temperatura media del periodo.
A eso se suman las noches tropicales, cada vez más frecuentes, y las olas de calor, que se alargan progresivamente. Los episodios de frío intenso, en cambio, remiten.
El agua y los glaciares, en el límite
El estudio pone el acento en un aspecto que afecta de lleno al futuro del Pirineo aragonés: el estrés hídrico. Las precipitaciones se mantienen estables en la cordillera, pero el calor hace que el agua se evapore con más rapidez, lo que reduce la disponibilidad de recursos hídricos. El resultado es un territorio que llueve igual pero que tiene menos agua útil.
Este estrés hídrico tiene una consecuencia directa sobre el riesgo de incendios forestales. Con menos humedad en el suelo y la vegetación más reseca durante más meses al año, la cordillera pirenaica se vuelve más vulnerable al fuego. El informe del OPCC señala que, ante este escenario, es imprescindible activar mecanismos de prevención y reforzar la respuesta ante emergencias forestales.
En esa línea, el proyecto LIFE Pyrenees4Clima ha elaborado 16 recomendaciones concretas. Una de las más destacadas es la creación de un “Protocolo Pirenaico de Emergencias Forestales” que permita compartir cartografía, datos meteorológicos y comunicación de crisis entre España, Francia y Andorra. Ahora mismo, las diferencias normativas entre los tres países ralentizan la respuesta ante los incendios. La interoperabilidad de medios, el conocimiento mutuo de los equipos y el intercambio de protocolos son, según el estudio, asignaturas pendientes que urge resolver.
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