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Belmonte acoge la primera salida del programa Tierra de Centenarias

La relación del olivo con el Bajo Aragón es estrecha a la par que emblemática. Este tipo de árbol y todos sus derivados se han convertido con el paso del tiempo en auténticos símbolos de la Tierra Baja debido a su presencia en el territorio y a la importancia que tienen para la economía agrícola de la zona. El proyecto Tierra de centenarias pretende acercar la cultura de la olivera a vecinos y visitantes de la comarca por medio de las variedades y ejemplares más características de la zona. Cinco rutas recorrerán quince de los veinte municipios que componen la comarca del Bajo Aragón descubriendo todo tipo de patrimonio natural, histórico y cultural relacionado con las oliveras. Durante la jornada de ayer tuvo lugar la primera de estas visitas en la que la Olivera de Cervera, catalogada recientemente como Árbol Singular de Aragón, fue la gran protagonista.

La entrada de Belmonte fue el punto de partida de una ruta que logró congregar a sesenta participantes de diversos municipios de la comarca. Un cartel explicativo sirvió para que la guía turística Montse Thomson junto al coordinador del proyecto, Fernando Zorrilla, aportasen las primeras nociones acerca de la olivera en el territorio. Alberto Bayod, alcalde de Belmonte, consideró “clave” la labor llevada a cabo por Fernando Zorrilla para que el proyecto saliera adelante. Su figura de “hombre de campo” permitió que no se perdiera ningún tipo de detalle sobre las variedades y los ejemplares que se pudieron observar durante toda la jornada.

Sin embargo, la primera parada no tuvo como protagonista a un olivo, sino más bien a un elemento indispensable del patrimonio histórico-cultural de Belmonte: su nevera. Los participantes pudieron conocer de primera mano uno de los grandes tesoros de la localidad, cuyo interior fue rehabilitado recientemente.

Una unión de los sentidos

Tras la visita el camino continuó por las Oliveras dels Clots, situadas en un entorno mágico en el que los participantes pudieron descubrir algunos detalles de la fauna y flora más característica del terreno. El sonido de las aves ambientaba un espacio en el que el olor de la vegetación aportaba la paz. En ese contexto se llegó a la afamada Olivera de Cervera, cuya inclusión en el catálogo de Árboles Singulares de Aragón hace un par de semanas la convirtió en el principal reclamo para los allí presentes. Tras conocer los detalles de este ejemplar milenario que mide más de 5 metros de altura y tiene un diámetro en la base del tronco de 1.156 centímetros, al oído y al olfato también se sumó el gusto con una degustación de los productos más comunes del Bajo Aragón derivados del olivo.

El presidente de la comarca, Luis Peralta Guillén, junto a la consejera de Patrimonio, María José Gascón, recibieron a los participantes bajo la simbólica olivera con productos que iban desde el aceite hasta dulces elaborados con derivados de la olivera. Tras la degustación, María José Gascón explicó que la propuesta también estará incluida en el resto de rutas que tendrán lugar durante el año dentro del programa Tierra de Centenarias: “Proponemos que las rutas también tengan sabor y olor. Debajo de un buen olivo se unen todos los sentidos”.

Doce kilómetros de disfrute

Tras el paso por la Olivera de Cervera, la ruta continuó por los caminos paralelos a la localidad bajoaragonesa. La Olivera de Capelleta fue la última parada antes de regresar a Belmonte de San José, tras completar una ruta de doce kilómetros en la que el esfuerzo físico se compensó con el inmenso patrimonio gastronómico, natural e histórico visitado. Desde la comarca del Bajo Aragón se mostró una gran satisfacción por el desarrollo de la primera ruta del proyecto: “Ha sido un día súper agradable en el que se conocen oliveras, patrimonio y pueblos de la zona. Queríamos que las rutas aunasen un poco de todo”. Por su parte, el alcalde de la localidad también confesó que la participación había superado sus espectativas gratamente. “Habíamos pensado en que iba a venir menos gente. Estamos contentos porque ha tenido buena aceptación, no solo ha ido gente del pueblo sino también de otros lugares de la comarca”.

Una vez en Belmonte, los más valientes se atrevieron a seguir descubriendo los recovecos más pintorescos del municipio callejeando y recorriendo sus calles. Muchos otros optaron por aprovechar el soleado día y reponer fuerzas con algo fresco que ingerir.

Noticia completa Diario de Teruel. Javier Gascó


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